Bailar sin música en la cocina,
bailar con música en el bar de Chiqui.
Olernos la cara al modo
de la perra que cuida a mi madre
o lamernos las manos
como el gato que ama conmigo.
Que me pida que le sostenga
la remera hacia abajo
para sacarse sólo el buzo.
Leernos instrucciones sobre
cómo escribir una carta de
declaración
de amor o de disculpas
en mil novecientos cincuenta y dos.
Que me demore en la cama
para aplastarla un ratito antes de
irnos.
Que lea un poema de Masin, la kolo o
Paulina Cruzeño.
Que tenga una lata de birra en la
mano
ud o yo,
lo mismo.
Escuchar un poema de Blatt en Youtube.
Que me convide un mate a cualquier
hora.
Que haya pasta de maní en el desayuno.
Verla
comer
naranjas.
Que haga un ranking de las mejores
frutas
degustadas esta temporada.
Que siempre ganen naranjas o alguna
palta.
Escucharle cantar una bachata desde el
baño.
Que me diga usted y se corrija cuando
le sale el voseo.
Que sonría y su comisura dibuje un
huequito
indicando por dónde empezar a
besarle.
Que haga una pausa
y se pronuncie.
Contar las marcas moradas en su
piel
y redoblar la apuesta.
Que no me diga no, sino t…t.
Que me abrace en cualquier momento del
día.
Que la lluvia sea razón suficiente.
Que le florezcan los jazmines del
patio.
Que el romerito eche raíz en el vaso.
Que me invite a dar una vuelta
por su plaza favorita.
Perderle de vista y volver a mirarle.
No infierno.
Casi todo.